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Luchando contra el jetlag en Tokio de la forma más divertida

Published on 10 noviembre, 2011 By admin

Sabíamos que nuestra primera noche en Tokio iba a ser larga gracias al inevitable jetlag e, incluso, teníamos planes para pelear contra él. Lo que no podíamos imaginarnos era que, en el momento en el que éstos saltaron por los aires, íbamos a superarlo introduciéndonos en la vida japonesa de una forma insólita y tremendamente divertida.

La llegada al centro de Tokio desde el aeropuerto de Narita se hace larga, demasiado para quien lleva casi 20 horas entre aviones y aeropuertos para un vuelo de Madrid a Tokio con escala en Dubai. En nuestro caso, además, teníamos que coger una línea regional para llegar al albergue en lugar del más rápido Narita Express. En total, unos 80 minutos de viaje más y unos 1.250 yenes menos para llegar al albergue que teníamos en la zona de Bakurocho.

Nos alojamos en el albergue Khaosan Tokyo Ninja, sencillo y juvenil pero muy económico y bien comunicado con las principales zonas turísticas de la ciudad. Nada más entrar en él, algunas sorpresas típicas de Japón: los zapatos de todos los huéspedes se quedan en unas enormes estanterías junto a la puerta y los cambiamos para movernos por el albergue por las chanclas que nos encontramos en dos cajas de plástico a la entrada.

Es curioso, también, el primer momento WC, cuando te aproximas a ver qué es un panel de control que tiene el excusado en uno de sus lados y, al tocar algunos botones, empiezan a salir chorritos de agua.

Al llegar allí e instalarnos, la primera sorpresa. Nuestros planes para la primera noche pasaban por apoyarnos en el jetlag para llegar despiertos a las cinco de la mañana y sobrevivir así el tremendo madrugón que espera a los que quieren ver la subasta del atún en el mercado de pescado de Tsukiji, que recibe a los visitantes a las 5 de la mañana. Sin embargo, sólo al llegar a Tokio nos enteramos que la subasta estaba cerrada los domingos para el público.

Total, que necesitábamos un plan B o nos íbamos a pasar la primera noche del (este artículo sigue…)

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Vista del centro de Lisboa desde un avión aterrizando

Published on 13 septiembre, 2011 By admin

Una de las llegadas en avión más bonitas de Europa que conozco es la del aeropuerto de Portela, en Lisboa, sobrevolando el centro de la ciudad. La configuración habitual de las pistas y la proximidad del aeropuerto al centro de la ciudad hace que, en la mayor parte de los descensos, los aviones sobrevuelen las principales arterias de la ciudad a muy baja altura.

Lisboa es una ciudad cuyo centro histórico está volcado al río Tajo. Esta zona, aunque mantiene una importante vida comercial, quedó obsoleta y anticuada para ubicar en ella la vida de la ciudad moderna y su centro económico, por lo que éste se ha ubicado en torno a un eje sur-norte que parte de la Plaza de Restauradores por la Avenida da Liberdade y sigue hacia el norte hasta Campo Grande, pasando por lugares tan emblemáticos para la ciudad como las plazas de Marqués de Pombal o Saldanha, la Plaza de Toros de Campo Pequeno o la estación de Entrecampos. A lo largo de este eje y sus proximidades, se va concentrando la vida de la ciudad moderna. Muchos turistas, de todos modos, no suelen pasar más allá de la Plaza del Marqués de Pombal, salvo para ir a puntos muy concretos.

El aeropuerto de Lisboa (Portela) se encuentra ubicado en el norte de la ciudad, lejos del centro histórico, pero bastante cerca de Campo Grande, donde concluye este eje sur-norte. Cuando los aviones entran por el sur, esto supone que la ruta habitual atraviesa el río Tajo a la altura de la zona de Alcantara y va descendiendo progresivamente hasta tocar tierra dándonos excelentes vistas aéreas de Lisboa.

Si estamos sentados en el lado derecho del avión, tendremos vistas de todo el centro de la ciudad. Si nos sentamos en el lado izquierdo, en cambio, no disfrutaremos tanto del centro, pero sí podremos tener una vista privilegiada del turístico barrio de Belém, con la Torre de Belém, el Monumento a los Descubridores y el Monasterio de los Jerónimos.

Si viajamos desde Madrid y tenemos la suerte de volar en un día claro, las vistas (este artículo sigue…)

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Milán en un día desde Madrid y Barcelona

Published on 20 julio, 2011 By admin

En ocasiones anteriores, hemos hablado de Milán y otros lugares de interés en sus proximidades, pero en esta ocasión queremos plantearos un desafío para quien tenga poco tiempo, pero muchas ganas de viajar: Ir y volver a Milán en un solo día. Aquí os contamos algunas de las claves para hacerlo.

No hay muchos destinos fuera de España que permitan una excursión completa de un día que permita ver lo mejor de la ciudad en tan poco tiempo. Depende, en muchos casos, de los horarios y frecuencias de los vuelos, los precios de éstos y que la ciudad no tenga una gran densidad de atractivos turísticos. Por ejemplo, ciudades como Roma, París, Londres y Lisboa podrían cumplir perfectamente los requisitos de los vuelos, pero tienen tantas cosas que ver que la visita se hace corta.

Hace algún tiempo, hablamos de Oporto como uno de los destinos en los que se podía hacer esto y hoy queremos añadir a la lista a Milán, otra de las ciudades ideales para ello: cuenta con muchos vuelos directos desde varios aeropuertos españoles, horarios de salida a primera hora de la mañana y regreso a última de la tarde, compañías de bajo coste y la cantidad de monumentos para ver -que no su calidad- no es demasiado elevada. Por ello, nos parece interesante analizar la posibilidad de ver la ciudad en sólo unas horas.

Ir y volver a Milán en el mismo día desde Madrid

La parte logística del viaje no es difícil de preparar. Para poder ver Milán en un día, necesitamos un vuelo que salga a primerísima hora de la mañana y otro que regrese a última hora de la tarde o por la noche.

Desde Madrid, tenemos la opción de ir con Ryanair al aeropuerto de Bérgamo con un vuelo que sale diariamente a las 6 de la mañana. Bérgamo queda, aproximadamente, a 60 kilómetros de Milán, pero en el aparcamiento del aeropuerto hay autobuses directos que nos dejan en la Estación Central de Milán en una hora, dependiendo del tráfico, por unos 9 euros. (este artículo sigue…)

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El mismo viaje, once años después ¿Qué ha cambiado?

Published on 5 mayo, 2011 By admin

Como ya os comenté en el artículo anterior sobre la Queima das Fitas de Coimbra, viví en aquella ciudad universitaria de Portugal durante mi año Erasmus, en el curso 1999/2000. La tentación de volver este año es fuerte, más aún sabiendo que algunos compañeros de mi promoción han decidido organizar un viaje; pero en mi cabeza surge otro desafío: hacer el viaje en las condiciones que los hacía en el año 2000 y contar la experiencia como algo que he querido llamar el Reto Coimbra 11 años. Por motivos de agenda, no sé si será posible, pero la idea me ha llevado a reflexionar sobre qué ha cambiado en un viaje similar en 11 años.

He dedicado toda la tarde a pensar y se me ha escapado más de una sonrisa por el camino. Pero, también, algunas sensaciones interesantes. Entre ellas, la sorpresa de cómo han desaparecido de nuestras vidas costumbres y usos de décadas, como el correo físico; o cómo otras han aparecido de repente, como la fotografía digital. Lo que me ha resultado más sorprendente, sin duda, ha sido darme cuenta que la mayor parte de los cambios que percibo están relacionados con avances tecnológicos.

Aquí os hago un pequeño resumen de algunas reflexiones sobre lo que era un viaje y una estancia en Coimbra en el año 2000 y lo que sería ahora. Cambios sociales, políticos, administrativos, de mentalidad y tecnológicos. Incluyo la reflexión inicial de lo que eran las cosas en el año 2000 y, seguidamente, en cursiva el estado actual de las cosas.

Me encantaría que me ayudarais a completar esta lista con vuestros comentarios.

Vuelos, trenes y autobuses

- En el año 2000, la mejor manera de llegar a Coimbra desde Madrid para un estudiante era coger un autobús con destino a Oporto y transbordar en ciudades pequeñas del interior de Portugal a un tren -desde Guarda- u otro autobús -desde Viseu- para llegar al destino final.El autobús paraba una hora para comer en el pueblo fronterizo de Fuentes de Oñoro y el viaje se prolongaba, de media, (este artículo sigue…)

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