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Ir a trabajar al extranjero: Sí, pero con cabeza

Published on 26 enero, 2012 By admin

Gracias a varios contactos de Facebook en Escandinavia, he podido conocer en las últimas semanas la situación de un buen número de españoles que han ido a Noruega a buscar trabajo y, al agotar sus ahorros, se ven obligados a dormir en la calle. Es una situación triste, pero que al mismo tiempo me lleva a reflexionar sobre qué tener en cuenta a la hora de intentar la aventura de trabajar en el extranjero.

Concretamente, es en la ciudad de Bergen donde los casos de ciudadanos españoles y de otros países del sur de Europa afectados por la crisis económica que viven en la calle ha empezado a ser noticia en los medios locales y a preocupar a las autoridades y a las organizaciones de asistencia, que no cuentan con recursos suficientes como para atender a todos.

Llama la atención, por lo que cuentan los medios noruegos, que los perfiles de estos emigrantes son muy dispares. Desde jóvenes en búsqueda de un primer empleo hasta personas de mediana edad recién despedidas de su trabajo, pasando por padres de familia que buscan nuevas opciones laborales.

Sin embargo, la situación de todos ellos ha sido bastante similar: llegan a Noruega sin ninguna traba de visado –Noruega es miembro del Espacio Económico Europeo, que permite la libre circulación de trabajadores en su interior- y con algunos cientos de euros en el bolsillo para afrontar los primeros gastos. Cuando los ahorros se acaban, algo que sucede muy rápido en un país tan caro como Noruega, se ven obligados a dormir en la calle mientras siguen con la búsqueda de trabajo. Algunos de ellos no tienen nada a lo que agarrarse en España, pero otros prefieren estar en esta situación que volver a España sin haber conseguido nada.

Todos conocemos la mala situación del mercado laboral en España, pero es difícil entender que alguien llegue a situaciones tan difíciles en su búsqueda de trabajo. No he contactado con ellos, pero me pregunto por qué- entre todas las opciones- eligieron una ciudad tan fría, cara y diferente como Bergen para probar suerte. ¿Conocían anteriormente el (este artículo sigue…)

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La eterna lucha por el reposabrazos

Published on 20 enero, 2012 By admin

De vez en cuando, en los transportes públicos te encuentras vecinos de asiento curiosos. Con la mayor parte de ellos no compartirás ni una sola palabra durante el viaje, pero con algunos de ellos hablarás, ligarás, cotillearás y serás cotilleado en tus lecturas o trasteo con el ordenador o te pelearás por el espacio. Ésta es la historia de un vuelo, una pelea y las conclusiones que saqué de ella.

Era un vuelo largo en una de esas compañías del Golfo que tienen fama de cómodas, aunque -en realidad- por mucho glamour emiratí que desprendan o pantallas que te pongan, las ocho horas encerrado en el cubículo invisible de tu asiento y alrededores no te las quita nadie. Tenía a mi derecha a un señor mayor, de apariencia muy normal, que parecía ir solo. Una de esas personas con aspecto de sobrio abuelito encantador, pero más perdido en un Boeing que un pingüino en un garaje.

El abuelo me llamó la atención. Me preguntaba a mí mismo a dónde y para qué viajaría solo un señor tan mayor y quién estaría esperándole en el aeropuerto. Después de chapurrear con él al verle manejar el cinturón de seguridad, la manta y los cascos y de ver cómo intentaba entenderse con las azafatas, empecé a temer por que llegara correctamente a su destino final tras la escala en Dubai. Curiosamente, fui incapaz de comunicarme con él en español, inglés y portugués de Coimbra, pero la combinación de los tres idiomas sin orden ni concierto resultó notablemente esclarecedora.

Me encontré así con un abuelo portugués que volvía a la ciudad que le había acogido durante muchos años en Australia después de un retorno a su Portugal natal y que, para mi tranquilidad, no viajaba sólo sino que a su hija le había tocado otro lugar en la gran lotería de asientos de los últimos minutos del embarque. Me dio cierta ternura verle utilizar una única palabra en inglés para pedirle a la azafata un plato que no había en el menú del vuelo, cabrearse al probar la ensalada de pasta porque “tá friu” (este artículo sigue…)

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Luchando contra el jetlag en Tokio de la forma más divertida

Published on 10 noviembre, 2011 By admin

Sabíamos que nuestra primera noche en Tokio iba a ser larga gracias al inevitable jetlag e, incluso, teníamos planes para pelear contra él. Lo que no podíamos imaginarnos era que, en el momento en el que éstos saltaron por los aires, íbamos a superarlo introduciéndonos en la vida japonesa de una forma insólita y tremendamente divertida.

La llegada al centro de Tokio desde el aeropuerto de Narita se hace larga, demasiado para quien lleva casi 20 horas entre aviones y aeropuertos para un vuelo de Madrid a Tokio con escala en Dubai. En nuestro caso, además, teníamos que coger una línea regional para llegar al albergue en lugar del más rápido Narita Express. En total, unos 80 minutos de viaje más y unos 1.250 yenes menos para llegar al albergue que teníamos en la zona de Bakurocho.

Nos alojamos en el albergue Khaosan Tokyo Ninja, sencillo y juvenil pero muy económico y bien comunicado con las principales zonas turísticas de la ciudad. Nada más entrar en él, algunas sorpresas típicas de Japón: los zapatos de todos los huéspedes se quedan en unas enormes estanterías junto a la puerta y los cambiamos para movernos por el albergue por las chanclas que nos encontramos en dos cajas de plástico a la entrada.

Es curioso, también, el primer momento WC, cuando te aproximas a ver qué es un panel de control que tiene el excusado en uno de sus lados y, al tocar algunos botones, empiezan a salir chorritos de agua.

Al llegar allí e instalarnos, la primera sorpresa. Nuestros planes para la primera noche pasaban por apoyarnos en el jetlag para llegar despiertos a las cinco de la mañana y sobrevivir así el tremendo madrugón que espera a los que quieren ver la subasta del atún en el mercado de pescado de Tsukiji, que recibe a los visitantes a las 5 de la mañana. Sin embargo, sólo al llegar a Tokio nos enteramos que la subasta estaba cerrada los domingos para el público.

Total, que necesitábamos un plan B o nos íbamos a pasar la primera noche del (este artículo sigue…)

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¿Es posible vivir mejor gastando menos?

Published on 13 octubre, 2011 By admin

Hace unos días, no recuerdo en qué medio, pude leer la entradilla de un reportaje en el que se hablaba de una filosofía de vida basada no tanto en el aumento de los ingresos, como en el control de los gastos. Es cambiar la idea de ganar más para poder gastar más por gastar mejor para no tener la necesidad de ganar más. Un estilo de vida que tradicionalmente se ha relacionado con hippies, comunidades alternativas o viajeros permanentes. ¿Pero es realmente factible en la sociedad de hoy? ¿Qué criterios hay que tener en cuenta para emprender esta aventura vital?

No llegué a leer el reportaje entero, así que si alguien recuerda el medio en qué se publicó y me lo puede incluir en los comentarios se lo agradecería mucho. Pero lo cierto es que, ahora que la crisis arrecia y la presión laboral empeora, son cada vez más las personas que expresan su voluntad de dejarlo todo. La frase “dejarlo todo y ganarme la vida montando un chiringuito” ha sido bastante frecuente en mi entorno en los últimos años. Si cada persona a la que se la he escuchado hubiera montado de verdad un chiringuito, no habría espacio suficiente en las playas españolas para todos ellos. Para muchos es una voluntad imaginada, ni siquiera pensada. Otros, los menos, analizan la idea con interés sin atreverse a llevarla a cabo y sólo unos pocos se lanzan a la aventura.

Pero, de vez en cuando, nos encontramos en los medios a personas como Jorge Sánchez -autoproclamado la tercera persona más viajada del mundo- o el Biciclown, que han llevado su forma de vida alternativa a extremos en los que incluyen grandes viajes. Incluso en el mundo de los blogueros se empieza a escuchar hablar de autores que han cambiado su ritmo de vida sedentaria por otro más imprevisible.

Unas reflexiones previas

Llevo escuchando desde hace varios años la sugerencia de reducir el consumo como medio para mejorar el nivel de vida o, al menos, para reducir nuestra necesidad de ingresos. Es cierto que ésta lleva a una (este artículo sigue…)

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