Sabíamos que nuestra primera noche en Tokio iba a ser larga gracias al inevitable jetlag e, incluso, teníamos planes para pelear contra él. Lo que no podíamos imaginarnos era que, en el momento en el que éstos saltaron por los aires, íbamos a superarlo introduciéndonos en la vida japonesa de una forma insólita y tremendamente divertida.
La llegada al centro de Tokio desde el aeropuerto de Narita se hace larga, demasiado para quien lleva casi 20 horas entre aviones y aeropuertos para un vuelo de Madrid a Tokio con escala en Dubai. En nuestro caso, además, teníamos que coger una línea regional para llegar al albergue en lugar del más rápido Narita Express. En total, unos 80 minutos de viaje más y unos 1.250 yenes menos para llegar al albergue que teníamos en la zona de Bakurocho.
Nos alojamos en el albergue Khaosan Tokyo Ninja, sencillo y juvenil pero muy económico y bien comunicado con las principales zonas turísticas de la ciudad. Nada más entrar en él, algunas sorpresas típicas de Japón: los zapatos de todos los huéspedes se quedan en unas enormes estanterías junto a la puerta y los cambiamos para movernos por el albergue por las chanclas que nos encontramos en dos cajas de plástico a la entrada.
Es curioso, también, el primer momento WC, cuando te aproximas a ver qué es un panel de control que tiene el excusado en uno de sus lados y, al tocar algunos botones, empiezan a salir chorritos de agua.
Al llegar allí e instalarnos, la primera sorpresa. Nuestros planes para la primera noche pasaban por apoyarnos en el jetlag para llegar despiertos a las cinco de la mañana y sobrevivir así el tremendo madrugón que espera a los que quieren ver la subasta del atún en el mercado de pescado de Tsukiji, que recibe a los visitantes a las 5 de la mañana. Sin embargo, sólo al llegar a Tokio nos enteramos que la subasta estaba cerrada los domingos para el público.
Total, que necesitábamos un plan B o nos íbamos a pasar la primera noche del (este artículo sigue…)
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La gastronomía del Algarve es amplia y variada, como tuvimos la oportunidad de comprobar hace unos meses. En nuestros recientes viajes al Algarve hemos tenido la oportunidad de comprobarlo en persona y hoy queremos compartir con vosotros cinco restaurantes de cinco ciudades diferentes de la región donde comimos bien y por precios razonables.
Que nadie tome esto como una guía de los mejores restaurantes de la región, porque ni lo es, ni lo pretende ser. Simplemente, fueron cinco establecimientos entre los muchos que hay en la zona de precio medio en los que entramos y quedamos satisfechos. Hay otros muchos que, por falta de tiempo, no pudimos probar, pero también tenían un aspecto y un menú excelente.
Empezamos el recorrido de este a oeste del Algarve.
Mi ciudad favorita del Algarve. Tranquila y tradicional, pero muy bien cuidada y receptora de un turismo más tranquilo que el de otras zonas de la región. La mayor parte de los restaurantes se encuentran en la zona del río Gilao. En la orilla oeste del río, en la zona de la Rua dos Cais y el Mercado da Ribeira y hasta llegar al lugar de donde salen los barcos hacia la playa, hay varios restaurantes que tienen como atracción principal la cataplana. Si nos vamos a la otra orilla, las callejuelas cercanas al puente romano bullen de actividad de restaurantes y terrazas en los meses de verano. El pequeño A Bica es uno de los más populares.
Sin embargo, mi favorito es la Churrasqueira Cota, en la Rua Joao Vaz Corte Real 38. La verdad es que está un poco escondido entre lo que es la orilla este del Gilao, en Tavira, pero es una agradable sorpresa. Por fuera es un bar bastante normal, con alguna sala de restaurante, pero lo mejor llega cuando puedes subir a la azotea del edificio, donde puedes disfrutar de fantásticas cenas durante las noches de verano. Silencio y tranquilidad. Como su propio nombre indica (churrasqueira viene de churrasco que traducido sería algo así como “a la parrilla”), las carnes y pescados a (este artículo sigue…)
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Comenzamos con éste una nueva categoría de artículos en el blog, la de recomendaciones de viaje. Con ella, pretendemos acercar nuestras experiencias de viaje en primera persona; es decir, lo que nosotros hicimos, vimos, visitamos, probamos o donde nos alojamos en los diferentes lugares donde hemos estado. Sabemos que no será una guía completa y tampoco pretendemos que lo sea, pero si alguien puede encontrar algún detalle que le inspire o algún truco que le ayude, mejor.
Hoy os contamos algunas de nuestras experiencias durante el viaje a Praga que realizamos a finales del pasado mes de marzo, junto con algunas ideas y pequeñas recomendaciones.
- El aeropuerto de Praga tiene un tamaño mediano y no está lejos de la ciudad. Me consta que hay muchos viajeros que van hacia ciudades del Este de Europa que vuelan con Czech Airlines, hacen escala en Praga y pueden disponer de algunas horas para ver la ciudad. La conexión entre el aeropuerto y el centro de la ciudad, de todos modos, no es especialmente rápida. Personalmente, si tuviera menos de cuatro horas hasta la salida de mi siguiente vuelo no me arriesgaría a ir al centro en transporte público. Con cuatro horas, aún podríamos ir en metro hasta Mustek o Staromestska y callejear un poco por la zona de la ciudad vieja, pero con prisa. Si viajan unos cuantos, compartir un taxi reduce el tiempo de viaje hasta el centro, aunque el coste es algo mayor. Para quien se quede en el aeropuerto, que sepa que los restaurantes son pocos y caros y que hay WiFi gratis en la zona de salidas, pero a velocidad de tortuga.
- Para ir desde el aeropuerto de Praga hasta el centro, mejor tener en cuenta a dónde vamos o dónde nos alojamos. Si vamos cerca de la línea verde, mejor coger el autobús urbano 119 hasta la estación de Dejvicka. Si vamos cerca de la línea amarilla, el autobús 100 hasta Zlicin. Y, si vamos cerca de la línea roja, mejor coger el autobús rápido (aunque sea algo más caro) hasta la Estación Central. Facilita (este artículo sigue…)
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El blog Flapy in Japan publicó ayer un artículo sobre la isla de Taipa, en Macao, que me inspira hoy para hablaros de Coloane, la otra isla de este pequeño territorio autónomo ubicado en el sur de China, con importante patrimonio colonial e histórico portugués, a unas tres horas de Cantón por carretera y a poco más de una hora y media de Hong Kong en barco.
La historia de Macao y Hong Kong va por caminos paralelos, pero con protagonistas y personalidades diferentes. Hong Kong fue colonia británica durante años, mientras que Macao pertenecía a Portugal. Ambas se desligaron totalmente de las metrópolis a finales del siglo pasado y viven ahora en una situación especial transitoria de 50 años de duración previa a su incorporación total a la República Popular China.
Esto supone una administración diferente y diferencias tan concretas como que sea necesario un control de pasaportes para entrar en ambos territorios desde China o que en ellos no sea necesario el visado de entrada para ciudadanos de la Unión Europea, a diferencia del país vecino. Incluso, hay que tener cuidado y saber que entrar en Macao o Hong Kong desde la República Popular de China y posteriormente volver a ella, supone una segunda entrada al país que nos obliga a tener un visado multientrada o solicitar un visado de única entrada nuevo.
Macao fue una de las etapas de mi viaje por las grandes ciudades de China del año 2009, combinándola con la visita a la cercana Hong Kong. Visitarlas fue un fuerte contraste con lo que me encontré en la República Popular de China por su forma de vida más occidentalizada y sus particularidades. Hong Kong tiene un carácter internacional, de negocios y cosmopolita que, para mi gusto, la hace algo fría y distante. Macao, por el contrario, conserva en su centro mucho de su tradición colonial portuguesa, algo que se nota incluso en el ritmo de vida mucho más pausado; aunque su transformación en capital del juego de la zona ha alterado su esencia tradicional.
Sociológicamente y desde el punto de (este artículo sigue…)
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