Olhao no suele ser la localidad del Algarve donde recalen más turistas. Está bastante cerca de Faro- la capital de la región- con una oferta de alojamiento bastante más reducida que ésta y con unas playas excelentes que para los turistas más perezosos nacieron con el pecado original de necesitar un paseo de quince minutos en barco hasta la isla cercana. Sin embargo, hay algo en esta pequeña ciudad que llama la atención: representa con total precisión la imagen mental que tengo sobre cómo sería un Algarve sin turismo masivo.
Olhao es una ciudad relativamente importante en el Algarve. Está situada a unos 10 kilómetros al este de Faro y tiene una población de unos 30.000 habitantes. Como la capital y la mayor parte de las ciudades del este del Algarve, no está situada exactamente en la orilla del Atlántico, sino que le separa de él el Parque Natural de la Ría Formosa, una serie de rías, lagunas e islas que hay que atravesar en barco para llegar a las islas que ya limitan con el mar y que disponen de fantásticas playas.
Sin embargo, pese a estar separada del mar por el Parque Natural, Olhao es una ciudad volcada al Atlántico y con un carácter unido siempre a la pesca y a los pescadores. Toda la zona más cercana a la ría y a su paseo marítimo se corresponde con el antiguo barrio de pescadores de la ciudad: calles estrechas, peatonales, adoquinadas, con callejones que salen de cualquier lado y edificios bajos que muestran o bien su cara más amable, recién encalados y rehabilitados; o bien ven como su fachada se cae a pedazos.
Es una mezcla de belleza y caos que- habitual en otros centros urbanos portugueses- a veces se echa de menos en unos pueblos del Algarve que, a base de haberse vestido demasiado bien para el turismo, han perdido parte de su sabor tradicional.
No es nuevo en este blog que exprese mis preferencias por las localidades del este del Algarve sobre las del oeste. Son preferencias personales de alguien que prefiere el (este artículo sigue…)
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El Algarve portugués es una región que muestra bastantes contrastes entre el turismo más masivo y las ciudades que conservan un carácter más local y tradicional. Faro, Loulé, Tavira y Portimao son algunas de ellas, lo que resulta especialmente paradójico en esta última, cuyo núcleo urbano parece ignorar en gran parte la presencia de la turística Playa da Rocha en el municipio y ofrece en su Museo de Portimao las claves de una historia regional ahora relegada entre sol y playa.
Portimao es la ciudad más importante del suroeste del Algarve y una de las pocas que sería capaz de presumir de tener un centro urbano donde el turismo es secundario. Paseando por sus calles centrales, nos encontramos con los mismos espacios peatonales y comerciales que nos podemos encontrar en cualquier otra ciudad portuguesa y -si bien las tiendas no pueden evitar algunos tics dirigidos al turista, como las inevitables traducciones de los menús del día en inglés-, uno tiene la sensación de encontrarse en una ciudad de alma y población portuguesa, algo que parece obvio, pero que no es tan habitual en esta zona de la costa algarvía.
Digamos que Portimao y el turismo masivo han llegado a un acuerdo beneficioso para ambas. Los turistas toman el área de la Playa da Rocha -una de las más famosas del Algarve- y los locales se quedan con el centro de la ciudad, incluyendo la vistosa orilla del río Arade, que ofrece algunas de las estampas características de la ciudad. El casco urbano de Portimao podría, entonces, transplantarse a cualquier otra zona de la costa portuguesa sin que se notara excesivamente la diferencia.
Esto, que puede parecer sencillo, no es tan habitual en la parte occidental de las costas del sur del Algarve. La parte oriental se ha visto protegida, en cierto modo, por la presencia del Parque Natural de la Ría Formosa, que ha hecho que el acceso a las playas sea un poco más difícil, alejando a los turistas más vagos y respetando, con ello, su carácter tradicional. Sin embargo, la parte occidental, con sus pueblos y (este artículo sigue…)
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La ciudad de Setúbal no es, turísticamente hablando, una de las más famosas de Portugal. Sin embargo, es la puerta para acceder a la Península de Troia, una pequeña lengua de terreno que separa el estuario del río Sado y el Océano Atlántico y que ofrece algunas excepcionales posibilidades de playa.
Setúbal, la verdad, no tiene mucho que ofrecer. No está lejos de Lisboa -una hora de transporte público, cruzando el puente 25 de Abril- y es el punto de referencia de una zona bastante industrial -que acoge a la mayor fábrica de automóviles de Portugal-, aunque como otras muchas zonas portuguesas tiene un centro histórico peatonal adoquinado agradable para pasear por él cuando sus tiendas están abiertas y tiene cierta animación comercial.
Sin embargo, pese a que Setúbal no tiene demasiadas cosas que ver, hay algunos lugares de interés en sus alrededores. La Sierra da Arrábida- que esconde rincones turísticos como el pueblo costero de Sesimbra- se encuentra a pocos kilómetros y el estuario del río Sado, en el que se encuentra la ciudad, cuenta con la presencia frecuente de delfines que se dejan ver con frecuencia para regocijo de los visitantes.
Y, claro, Setúbal es también la puerta a la Península de Troia y sus fantásticas playas.
La Península de Troia
Tuve mi primer contacto con la Península de Troia durante el año 2005, cuando estaba residiendo en Lisboa. En aquellos tiempos, lo que más llamaba la atención eran los esqueletos de las torres de Troia, dos grandes hoteles que fueron derribados poco tiempo después para dejar paso a una serie de lujosas construcciones modernas.
En aquel momento, no era tanto un destino en sí mismo, pese a que las playas eran muy turísticas, sino más bien un punto de paso para ir a las playas del Alentejo y la Costa Vicentina. La autopista de Lisboa al Algarve atraviesa el Alentejo a cierta distancia de la costa, por lo que- para ir a ciertas playas del sur del distrito de Setúbal y del norte de Évora- el camino más directo es embarcar el coche (este artículo sigue…)
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Essaouira es una de las excursiones más habituales de los turistas que visitan Marrakech. Está situada en la costa, a aproximadamente dos horas y media en autobús de Marrakech, en un trayecto cómodo y que cuenta con bastantes conexiones de autobús tanto de alta calidad, como de otras compañías locales más modestas. Cuenta con una playa de varios kilómetros de arena fina, por lo que es un destino especialmente atractivo para los meses de verano.
La ciudad de Essaouira -que anteriormente también era conocida por el nombre de Mogador- resulta ser bastante turística y tiene tres partes bastante diferenciadas: la Medina, la zona de la Playa y el resto de la ciudad.
La Medina
Por una parte, está la Medina, la parte más antigua y tradicional de la ciudad, amurallada por la parte que da a tierra y con una fortificación defensiva en la zona que da al mar. Sus puertas y murallas son muy pintorescas. Es una zona de pequeños callejones rectos bordeados con edificios encalados, atravesada por un par de calles mucho más anchas de carácter comercial, donde pequeñas tiendas exhiben sus productos a la puerta. Son más mercadillos permanentes abierto a los paseantes, con trastiendas que complementan las mercancías del exterior que una zona comercial de las que estamos acostumbrados en Europa. La animada vida de estas calles se prolonga hasta bien entrada la noche, con mucha gente comprando o comiendo en alguno de los restaurantes callejeros.
Fuera de las calles más grandes, es una zona también con numerosas tiendas de artesanía y artículos turísiticos, que alberga también riads, pensiones, cafés y otros alojamientos para los turistas que la visitan. La Plaza Moulay Hassan, situada entre el puerto y las calles de la Medina, es uno de los lugares más turísticos. En los alrededores de su amplia explanada se apiñan cafés, restaurantes y pequeños hoteles y en uno de sus extremos están los típicos restaurantes de pescado y marisco que han hecho famosa a la ciudad desde el punto de vista gastronómico.
Estos restaurantes de pescado son una de las (este artículo sigue…)
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