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Setúbal y la Península de Troia

Published on 27 septiembre, 2011 By admin

La ciudad de Setúbal no es, turísticamente hablando, una de las más famosas de Portugal. Sin embargo, es la puerta para acceder a la Península de Troia, una pequeña lengua de terreno que separa el estuario del río Sado y el Océano Atlántico y que ofrece algunas excepcionales posibilidades de playa.

Setúbal, la verdad, no tiene mucho que ofrecer. No está lejos de Lisboa -una hora de transporte público, cruzando el puente 25 de Abril- y es el punto de referencia de una zona bastante industrial -que acoge a la mayor fábrica de automóviles de Portugal-, aunque como otras muchas zonas portuguesas tiene un centro histórico peatonal adoquinado agradable para pasear por él cuando sus tiendas están abiertas y tiene cierta animación comercial.

Sin embargo, pese a que Setúbal no tiene demasiadas cosas que ver, hay algunos lugares de interés en sus alrededores. La Sierra da Arrábida- que esconde rincones turísticos como el pueblo costero de Sesimbra- se encuentra a pocos kilómetros y el estuario del río Sado, en el que se encuentra la ciudad, cuenta con la presencia frecuente de delfines que se dejan ver con frecuencia para regocijo de los visitantes.

Y, claro, Setúbal es también la puerta a la Península de Troia y sus fantásticas playas.

La Península de Troia

Tuve mi primer contacto con la Península de Troia durante el año 2005, cuando estaba residiendo en Lisboa. En aquellos tiempos, lo que más llamaba la atención eran los esqueletos de las torres de Troia, dos grandes hoteles que fueron derribados poco tiempo después para dejar paso a una serie de lujosas construcciones modernas.

En aquel momento, no era tanto un destino en sí mismo, pese a que las playas eran muy turísticas, sino más bien un punto de paso para ir a las playas del Alentejo y la Costa Vicentina. La autopista de Lisboa al Algarve atraviesa el Alentejo a cierta distancia de la costa, por lo que- para ir a ciertas playas del sur del distrito de Setúbal y del norte de Évora- el camino más directo es embarcar el coche (este artículo sigue…)

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Vista del centro de Lisboa desde un avión aterrizando

Published on 13 septiembre, 2011 By admin

Una de las llegadas en avión más bonitas de Europa que conozco es la del aeropuerto de Portela, en Lisboa, sobrevolando el centro de la ciudad. La configuración habitual de las pistas y la proximidad del aeropuerto al centro de la ciudad hace que, en la mayor parte de los descensos, los aviones sobrevuelen las principales arterias de la ciudad a muy baja altura.

Lisboa es una ciudad cuyo centro histórico está volcado al río Tajo. Esta zona, aunque mantiene una importante vida comercial, quedó obsoleta y anticuada para ubicar en ella la vida de la ciudad moderna y su centro económico, por lo que éste se ha ubicado en torno a un eje sur-norte que parte de la Plaza de Restauradores por la Avenida da Liberdade y sigue hacia el norte hasta Campo Grande, pasando por lugares tan emblemáticos para la ciudad como las plazas de Marqués de Pombal o Saldanha, la Plaza de Toros de Campo Pequeno o la estación de Entrecampos. A lo largo de este eje y sus proximidades, se va concentrando la vida de la ciudad moderna. Muchos turistas, de todos modos, no suelen pasar más allá de la Plaza del Marqués de Pombal, salvo para ir a puntos muy concretos.

El aeropuerto de Lisboa (Portela) se encuentra ubicado en el norte de la ciudad, lejos del centro histórico, pero bastante cerca de Campo Grande, donde concluye este eje sur-norte. Cuando los aviones entran por el sur, esto supone que la ruta habitual atraviesa el río Tajo a la altura de la zona de Alcantara y va descendiendo progresivamente hasta tocar tierra dándonos excelentes vistas aéreas de Lisboa.

Si estamos sentados en el lado derecho del avión, tendremos vistas de todo el centro de la ciudad. Si nos sentamos en el lado izquierdo, en cambio, no disfrutaremos tanto del centro, pero sí podremos tener una vista privilegiada del turístico barrio de Belém, con la Torre de Belém, el Monumento a los Descubridores y el Monasterio de los Jerónimos.

Si viajamos desde Madrid y tenemos la suerte de volar en un día claro, las vistas (este artículo sigue…)

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El mismo viaje, once años después ¿Qué ha cambiado?

Published on 5 mayo, 2011 By admin

Como ya os comenté en el artículo anterior sobre la Queima das Fitas de Coimbra, viví en aquella ciudad universitaria de Portugal durante mi año Erasmus, en el curso 1999/2000. La tentación de volver este año es fuerte, más aún sabiendo que algunos compañeros de mi promoción han decidido organizar un viaje; pero en mi cabeza surge otro desafío: hacer el viaje en las condiciones que los hacía en el año 2000 y contar la experiencia como algo que he querido llamar el Reto Coimbra 11 años. Por motivos de agenda, no sé si será posible, pero la idea me ha llevado a reflexionar sobre qué ha cambiado en un viaje similar en 11 años.

He dedicado toda la tarde a pensar y se me ha escapado más de una sonrisa por el camino. Pero, también, algunas sensaciones interesantes. Entre ellas, la sorpresa de cómo han desaparecido de nuestras vidas costumbres y usos de décadas, como el correo físico; o cómo otras han aparecido de repente, como la fotografía digital. Lo que me ha resultado más sorprendente, sin duda, ha sido darme cuenta que la mayor parte de los cambios que percibo están relacionados con avances tecnológicos.

Aquí os hago un pequeño resumen de algunas reflexiones sobre lo que era un viaje y una estancia en Coimbra en el año 2000 y lo que sería ahora. Cambios sociales, políticos, administrativos, de mentalidad y tecnológicos. Incluyo la reflexión inicial de lo que eran las cosas en el año 2000 y, seguidamente, en cursiva el estado actual de las cosas.

Me encantaría que me ayudarais a completar esta lista con vuestros comentarios.

Vuelos, trenes y autobuses

- En el año 2000, la mejor manera de llegar a Coimbra desde Madrid para un estudiante era coger un autobús con destino a Oporto y transbordar en ciudades pequeñas del interior de Portugal a un tren -desde Guarda- u otro autobús -desde Viseu- para llegar al destino final.El autobús paraba una hora para comer en el pueblo fronterizo de Fuentes de Oñoro y el viaje se prolongaba, de media, (este artículo sigue…)

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Coimbra, su vida académica y la Queima das Fitas

Published on 4 mayo, 2011 By admin

Mayo es un mes especialmente importante para la ciudad portuguesa de Coimbra. Esta ciudad del centro del país, a mitad de camino entre Lisboa y Oporto, alberga la universidad más antigua de Portugal, una de las más importantes de la Península Ibérica y es uno de los centros académicos más importantes de un país donde los estudiantes conservan antiquísimas tradiciones. Cada mes de mayo, la vida universitaria y gran parte de la ciudad se paraliza durante la semana de la Queima das Fitas, la gran fiesta de la Universidad que sirve como despedida a los alumnos de los últimos cursos.

La Queima das Fitas es un evento de una semana de duración que revoluciona la vida diaria de la universidad -menos las clases, que siguen como si tal cosa aunque los alumnos no acudan a ellas-. En ella conviven tradiciones con gran base académica, como la ceremonia de la Queima das Fitas o el Cortejo dos Grelados; con aspectos lúdicos y folclóricos. En esta edición, los actos de la Queima das Fitas se prolongarán desde el día 6 hasta el 13 de mayo.

Como tanto la ciudad de Coimbra como la vida académica portuguesa y la Queima das Fitas en sí tienen mucho que contar, intentaremos ir por partes.

La ciudad de Coimbra

Al contrario de lo que se espera de todo buen Erasmus al hablar de su antiguo destino, como urbanita convencido y procedente de una gran ciudad, no soy dado a hablar bien de Coimbra como destino de residencia, aunque sí insisto siempre en destacar su interés turístico para estancias breves.

Es una ciudad pequeña, estéticamente atractiva, con vistas bonitas de la colina central desde muchos puntos de la ciudad, con un rico patrimonio artístico y cultural y mucha tradición. Sin embargo, la vida práctica en la ciudad -al menos en el año 2001 en que residí allí- era incómoda por sus continuas cuestas y por su ritmo de vida tan volcado a la Universidad, que hacía que la vida durante los días lectivos fuera intensísima, pero que la ciudad estuviera (este artículo sigue…)

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