Los cruceros están de moda en España. Cada vez más asequibles y más cercanos, combinan cómodos desplazamientos, fiesta, ocio y excursiones. Pero en los Países Nórdicos y Bálticos son habituales y muy populares desde hace muchos años los barcos que combinan transporte y ocio, en una especie de versión light de los cruceros.
De Copenhague a Oslo; de Estocolmo a Helsinki, Turku o las Islas Aland; de Tallin a Helsinki… Son muchas las líneas de ferry que atraviesan el mar Báltico en viajes nocturnos conectando algunas de las principales ciudades de la región. Son líneas regulares, no muy diferentes de cualquier ruta de otros medios de transporte.
Hace unos años, los grandes ferries eran la forma más rápida, cómoda y fácil de desplazarse con el coche entre algunas capitales de la región. Aún hoy- una vez inaugurados los puentes de Storebaelt, en Dinamarca, y del Oresund, entre Dinamarca y Suecia- siguen siendo competitivos en coste y tiempo en bastantes destinos para este tipo de viajeros.
Pero, además, el viaje en barco es un atractivo de ocio por sí mismo para el viajero que embarca por la tarde en una ciudad y podía disfrutar de una noche de travesía marítima en un barco con sus restaurantes, su discoteca y sus tiendas libres de impuestos. Es habitual, también, que muchos de estos barcos sean auténticas licorerías flotantes, de las que los pasajeros salgan cargados con decenas de botellas de vino, cerveza y licores a un precios mucho mejor que el que se pueden encontrar en tierra firme.
Un barco para el ocio
El caso extremo es el de loes popularísimos ferries entre Estocolmo y Helsinki, una alternativa de ocio en sí misma para muchos grupos de amigos jóvenes de ambos países. Los barcos parten de cualquiera de las dos capitales nórdicas a media tarde y, desde el momento en que se llega a aguas internacionales y se abren los bares y tiendas de licores, comienza la fiesta que suele acabar en gran borrachera, “encuentros en la tercera fase” en el camarote o donde te pille la necesidad o, incluso (este artículo sigue…)
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Durante los días previos al viaje de blogueros españoles a Copenhague que se celebró a principios de este mes, alguno de los participantes me preguntó por posibilidades de excursiones de un día desde la capital danesa. Yo les ofrecí dos alternativas principales: Cruzar el puente del Oresund y recorrer parte del sur de Suecia o probar alguna de las muchas rutas en bicicleta que se pueden hacer por las proximidades de Copenhague. En el artículo de hoy os presentaremos algunas de éstas últimas.
Circular por bicicleta en Dinamarca es todo un placer. Primero, por la cantidad de rutas y carriles bici que existen tanto dentro de las ciudades como paralelos a muchas de las carreteras interurbanas del país. Segundo, por el respeto de los vehículos a motor hacia los ciclistas, derivado muchas veces del hecho de que los propios conductores son, en muchas ocasiones, ciclistas también ellos mismos. Y- finalmente- en tercer lugar, porque Dinamarca es un país extraordinariamente llano, ideal para moverse en bicicleta.
La gran mayoría de los daneses dispone de su propia bicicleta, que aparcan en los sótanos o zonas habilitadas de sus edificios o en los miles de zonas habilitadas para ellas en toda la ciudad. En Copenhague, más que una afición, la bicicleta es el principal medio de transporte de la ciudad, con carriles propios, pero también normas estrictas en lo que se refiere a respeto a las normas de tráfico y a circular con luces. El hecho de que haya tantas bicicletas en la calle a cualquier hora del día resulta bastante eficaz para que no se produzcan excesivos robos. Entre tantas que se pueden elegir, siempre hay alguna más llamativa que la tuya. Los robos se producen, pero son bastante reducidos.
Que haya tantas bicicletas en propiedad hace que los ciudadanos locales no necesiten alquilarlas, por lo que la oferta de alquiler de bicicletas es relativamente reducida y está dirigida principalmente a los turistas. Por lo general, las tiendas a la que más se acude a la hora de alquilar una bicicleta son las que están situadas en la Estación (este artículo sigue…)
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Se acercan las fechas navideñas que, cada vez más, aprovechamos para viajar y conocer otros países y ciudades. Es una magnífica oportunidad para disfrutar de un ambiente diferente en las diferentes capitales europeas, con iluminación especial y tradiciones típicas de cada lugar, que las oficinas de turismo de cada país nos están presentando durante las últimas semanas. Así que, si estás con ganas de preparar un viaje navideño de última hora, aquí te damos algunas de las ideas y eventos quen os han transmitido.
La iluminación de las calles y los mercadillos navideños son las dos atracciones más típicas de estas fechas. No obstante, cada ciudad tiene unas particularidades que también entran en juego en estas fechas: Puede ser el animadísimo carácter comercial de Londres, los eventos especiales que se organizarán en Disneyland Paris, actividades culturales como el Concierto de Año Nuevo de Viena o, incluso, grandes eventos religiosos como en Roma.
Este es un pequeño extracto de lo que nos ofrecen algunas ciudades europeas.
Si visitar París siempre merece la pena, en Navidades, la iluminación de las grandes avenidas y su gran vida comercial hacen que pasar por ella sea aún más especial. El programa “París ilumina París” agrupa toda la iluminación navideña de la ciudad desde el día 1 de diciembre. En total, más de 125 barrios de la ciudad se ven decorados e iluminados por esta iniciativa de los comerciantes locales. Por si fuera poco, la ciudad es rica en mercadillos navideños y artesanos durante estas fechas. Algunos de ellos, en lugares tan emblemáticos como los Campos Elíseos, el barrio de Montparnasse o el Trocadero, justo frente a la Torre Eiffel.
Pero no son las únicas actividades. Hasta principios de enero hay una exposición de esculturas sobre hielo en los Campos Elíseos, un árbol de Navidad de 20 metros frente a la Catedral de Notre Dame y tiovivos tradicionales gratuitos repartidos por toda la ciudad. Y, también, para quien le guste patinar, dos pistas de hielo, la de la Plaza del Hotel de Ville -abierta hasta el 7 de marzo- y otra en la primera (este artículo sigue…)
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Todas las ciudades tienen una o varias calles principales: aquellas que marcan el ritmo de la ciudad y concentran la mayor cantidad de tiendas, eventos, paseantes o historia de una localidad en concreto. Copenhague no es una excepción. Allí, todo el centro de la ciudad se articula alrededor de la llamada Stroget, una calle peatonal que conecta la Plaza del Ayuntamiento y la de Kongens Nytorv. Pasear por ella es la mejor manera de tomarle el pulso a la ciudad en poco más de un kilómetro.
La llamada Stroget atraviesa de oeste a este todo el distrito centro de la ciudad de Copenhague y sirve para marcar perfectamente la zona turística de la ciudad. En sí misma, la Stroget es un atractivo turístico más de la ciudad, con su su gran cantidad de tiendas y su carácter peatonal que congrega en ella a centenares de personas tanto de día como de noche. Alrededor del 90% del resto de lugares de interés de la ciudad se concentran a menos de un kilómetro de la misma, por lo que la visita turística girará en gran parte alrededor de ella.
Stroget es el nombre con el que se conoce al trayecto peatonal continuo que va entre dos de las principales plazas de la ciudad, la del Ayuntamiento (Radhuspladsen) y la de Kongens Nytorv, aunque cada parte de la misma tiene un nombre diferente. Así, la parte más cercana a la Plaza del Ayuntamiento es la Frederiksbergade, que se va convirtiendo en Nygade, Vimmelskaftet y Amager Torv antes de llegar al tramo final de Ostergade. Según Google Maps, su longitud total es de 1,1 kilómetros y el tiempo habitual para recorrerla a pie serían 13 minutos, algo que nunca se cumple ya que siempre hay alguna tienda, algún espectáculo callejero o alguna atracción turística que nos hace detenernos en alguna parte de su recorrido.
La Plaza del Ayuntamiento y el oeste de la Stroget
La Plaza del Ayuntamiento o Radhuspladsen es su origen en en lado más occidental de la ciudad. Se trata de una gran esplanada dominada por la vista del imponente (este artículo sigue…)
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