La gastronomía del Algarve es amplia y variada, como tuvimos la oportunidad de comprobar hace unos meses. En nuestros recientes viajes al Algarve hemos tenido la oportunidad de comprobarlo en persona y hoy queremos compartir con vosotros cinco restaurantes de cinco ciudades diferentes de la región donde comimos bien y por precios razonables.
Que nadie tome esto como una guía de los mejores restaurantes de la región, porque ni lo es, ni lo pretende ser. Simplemente, fueron cinco establecimientos entre los muchos que hay en la zona de precio medio en los que entramos y quedamos satisfechos. Hay otros muchos que, por falta de tiempo, no pudimos probar, pero también tenían un aspecto y un menú excelente.
Empezamos el recorrido de este a oeste del Algarve.
Mi ciudad favorita del Algarve. Tranquila y tradicional, pero muy bien cuidada y receptora de un turismo más tranquilo que el de otras zonas de la región. La mayor parte de los restaurantes se encuentran en la zona del río Gilao. En la orilla oeste del río, en la zona de la Rua dos Cais y el Mercado da Ribeira y hasta llegar al lugar de donde salen los barcos hacia la playa, hay varios restaurantes que tienen como atracción principal la cataplana. Si nos vamos a la otra orilla, las callejuelas cercanas al puente romano bullen de actividad de restaurantes y terrazas en los meses de verano. El pequeño A Bica es uno de los más populares.
Sin embargo, mi favorito es la Churrasqueira Cota, en la Rua Joao Vaz Corte Real 38. La verdad es que está un poco escondido entre lo que es la orilla este del Gilao, en Tavira, pero es una agradable sorpresa. Por fuera es un bar bastante normal, con alguna sala de restaurante, pero lo mejor llega cuando puedes subir a la azotea del edificio, donde puedes disfrutar de fantásticas cenas durante las noches de verano. Silencio y tranquilidad. Como su propio nombre indica (churrasqueira viene de churrasco que traducido sería algo así como “a la parrilla”), las carnes y pescados a (este artículo sigue…)
Pulsa aquí para leer el artículo completo.
Olhao no suele ser la localidad del Algarve donde recalen más turistas. Está bastante cerca de Faro- la capital de la región- con una oferta de alojamiento bastante más reducida que ésta y con unas playas excelentes que para los turistas más perezosos nacieron con el pecado original de necesitar un paseo de quince minutos en barco hasta la isla cercana. Sin embargo, hay algo en esta pequeña ciudad que llama la atención: representa con total precisión la imagen mental que tengo sobre cómo sería un Algarve sin turismo masivo.
Olhao es una ciudad relativamente importante en el Algarve. Está situada a unos 10 kilómetros al este de Faro y tiene una población de unos 30.000 habitantes. Como la capital y la mayor parte de las ciudades del este del Algarve, no está situada exactamente en la orilla del Atlántico, sino que le separa de él el Parque Natural de la Ría Formosa, una serie de rías, lagunas e islas que hay que atravesar en barco para llegar a las islas que ya limitan con el mar y que disponen de fantásticas playas.
Sin embargo, pese a estar separada del mar por el Parque Natural, Olhao es una ciudad volcada al Atlántico y con un carácter unido siempre a la pesca y a los pescadores. Toda la zona más cercana a la ría y a su paseo marítimo se corresponde con el antiguo barrio de pescadores de la ciudad: calles estrechas, peatonales, adoquinadas, con callejones que salen de cualquier lado y edificios bajos que muestran o bien su cara más amable, recién encalados y rehabilitados; o bien ven como su fachada se cae a pedazos.
Es una mezcla de belleza y caos que- habitual en otros centros urbanos portugueses- a veces se echa de menos en unos pueblos del Algarve que, a base de haberse vestido demasiado bien para el turismo, han perdido parte de su sabor tradicional.
No es nuevo en este blog que exprese mis preferencias por las localidades del este del Algarve sobre las del oeste. Son preferencias personales de alguien que prefiere el (este artículo sigue…)
Pulsa aquí para leer el artículo completo.
El Algarve portugués es una región que muestra bastantes contrastes entre el turismo más masivo y las ciudades que conservan un carácter más local y tradicional. Faro, Loulé, Tavira y Portimao son algunas de ellas, lo que resulta especialmente paradójico en esta última, cuyo núcleo urbano parece ignorar en gran parte la presencia de la turística Playa da Rocha en el municipio y ofrece en su Museo de Portimao las claves de una historia regional ahora relegada entre sol y playa.
Portimao es la ciudad más importante del suroeste del Algarve y una de las pocas que sería capaz de presumir de tener un centro urbano donde el turismo es secundario. Paseando por sus calles centrales, nos encontramos con los mismos espacios peatonales y comerciales que nos podemos encontrar en cualquier otra ciudad portuguesa y -si bien las tiendas no pueden evitar algunos tics dirigidos al turista, como las inevitables traducciones de los menús del día en inglés-, uno tiene la sensación de encontrarse en una ciudad de alma y población portuguesa, algo que parece obvio, pero que no es tan habitual en esta zona de la costa algarvía.
Digamos que Portimao y el turismo masivo han llegado a un acuerdo beneficioso para ambas. Los turistas toman el área de la Playa da Rocha -una de las más famosas del Algarve- y los locales se quedan con el centro de la ciudad, incluyendo la vistosa orilla del río Arade, que ofrece algunas de las estampas características de la ciudad. El casco urbano de Portimao podría, entonces, transplantarse a cualquier otra zona de la costa portuguesa sin que se notara excesivamente la diferencia.
Esto, que puede parecer sencillo, no es tan habitual en la parte occidental de las costas del sur del Algarve. La parte oriental se ha visto protegida, en cierto modo, por la presencia del Parque Natural de la Ría Formosa, que ha hecho que el acceso a las playas sea un poco más difícil, alejando a los turistas más vagos y respetando, con ello, su carácter tradicional. Sin embargo, la parte occidental, con sus pueblos y (este artículo sigue…)
Pulsa aquí para leer el artículo completo.
Que la gastronomía portuguesa es rica y variada es algo que, a día de hoy, muchos ya damos por sabido. Pero, a la hora de la verdad, cada una de sus regiones tiene unos platos y especialidades particulares que hacen que su cocina sea diferente de la de otras zonas del país. Hace unas semanas, una de ellas -concretamente la región del Algarve- convocó a periodistas y profesionales del sector turístico en varias ciudades españolas para dar a conocer sus especialidades culinarias, con la cataplana como “reina de la fiesta”.
Los eventos, que fueron organizados por la Asociación de Turismo del Algarve en Vigo, Madrid y Sevilla, sirvieron para acercar a España la riqueza gastronómica de esta región del sur de Portugal, que ve como su atractivo como zona turística de sol y playa relega a un segundo plano a otras facetas culturales, gastronómicas o paisajísticas que también merecen ser conocidas y destacadas.
Para remediarlo, al menos en lo que a la gastronomía se refiere, se organizaron cenas en las tres ciudades antes citadas, en las que un chef procedente del Algarve preparó una selección de platos basada en los ingredientes principales utilizados en la gastronomía algarvía: el pescado, el marisco y la carne de cerdo.
El plato estrella de la noche -y la aportación más notable de la región del Algarve al global de la gastronomía portuguesa- fue la cataplana de marisco. La cataplana es el plato típico del Algarve y es muy habitual de encontrar en los restaurantes de cualquier ciudad de la costa algarvía, sobre todo en aquellas que han conseguido conservar un estilo de vida menos turístico, como es el caso de Tavira.
Se trata de un guiso de pescado o marisco -se puede hacer también con carne, aunque no es lo más típico-, que puede llevar también algún tipo de guarnición, cocinado al vapor en un recipiente de cobre llamado cataplana, que da el nombre al plato. Este recipiente recuerda por su forma a una concha, ya que está compuesto de dos partes de forma redondeada, unidas en un punto (este artículo sigue…)
Pulsa aquí para leer el artículo completo.