Una de las llegadas en avión más bonitas de Europa que conozco es la del aeropuerto de Portela, en Lisboa, sobrevolando el centro de la ciudad. La configuración habitual de las pistas y la proximidad del aeropuerto al centro de la ciudad hace que, en la mayor parte de los descensos, los aviones sobrevuelen las principales arterias de la ciudad a muy baja altura.
Lisboa es una ciudad cuyo centro histórico está volcado al río Tajo. Esta zona, aunque mantiene una importante vida comercial, quedó obsoleta y anticuada para ubicar en ella la vida de la ciudad moderna y su centro económico, por lo que éste se ha ubicado en torno a un eje sur-norte que parte de la Plaza de Restauradores por la Avenida da Liberdade y sigue hacia el norte hasta Campo Grande, pasando por lugares tan emblemáticos para la ciudad como las plazas de Marqués de Pombal o Saldanha, la Plaza de Toros de Campo Pequeno o la estación de Entrecampos. A lo largo de este eje y sus proximidades, se va concentrando la vida de la ciudad moderna. Muchos turistas, de todos modos, no suelen pasar más allá de la Plaza del Marqués de Pombal, salvo para ir a puntos muy concretos.
El aeropuerto de Lisboa (Portela) se encuentra ubicado en el norte de la ciudad, lejos del centro histórico, pero bastante cerca de Campo Grande, donde concluye este eje sur-norte. Cuando los aviones entran por el sur, esto supone que la ruta habitual atraviesa el río Tajo a la altura de la zona de Alcantara y va descendiendo progresivamente hasta tocar tierra dándonos excelentes vistas aéreas de Lisboa.
Si estamos sentados en el lado derecho del avión, tendremos vistas de todo el centro de la ciudad. Si nos sentamos en el lado izquierdo, en cambio, no disfrutaremos tanto del centro, pero sí podremos tener una vista privilegiada del turístico barrio de Belém, con la Torre de Belém, el Monumento a los Descubridores y el Monasterio de los Jerónimos.
Si viajamos desde Madrid y tenemos la suerte de volar en un día claro, las vistas (este artículo sigue…)
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El Aeropuerto de Madrid Barajas está celebrando unas jornadas de puertas abiertas en las que los reponsables del aeropuerto están mostrando al público algunas zonas a las que los pasajeros no tienen acceso. Es una bonita manera de conocer “las tripas” de uno de los mayores aeropuertos de Europa que nosotros no desaprovechamos y os contamos en este artículo.
Estas jornadas han sido convocadas por Aena, comenzaron el pasado día 26 de agosto y se prolongarán hasta el próximo 8 de septiembre. Las visitas están abiertas a cualquier persona interesada, a quienes se irá colocando en grupos temáticos dependiendo de sus intereses o perfil profesional. Para solicitar la visita, basta con contactar con los responsables de las mismas a través de las vías que nos dan en esta página del portal de Aena. En nuestro caso, bastó con rellenar una solicitud con unos sencillos datos y enviar una copia del carnet de identidad o pasaporte y recibimos una contestación muy rápida y amable por parte de los responsables del aeropuerto.
Nuestro grupo tuvo la posibilidad de visitar la Terminal 4 -hay otras visitas que se desarrollan en determinadas salas de la Terminal 2- y tuvo como atractivos principales las visitas al Centro de Gestión Aeroportuaria y al Sistema Automático de Equipajes.
Nuestra visita comenzó en la sala de prensa de la Terminal 4, donde nos introdujeron en las impresionantes cifras que maneja uno de los principales aeropuertos de Europa y nos dieron a conocer algunas curiosidades.
Allí nos mostraron un esquema de las cuatro pistas -paralelas de dos a dos- y nos explicaron que funcionan la mayor parte del tiempo (alrededor del 80%) en configuración norte, es decir, que los aviones despegan por el norte de las pistas y aterrizan por el sur. Esto se debe, principalmente, a que la zona norte de las pistas está menos poblada que la sur. Sin embargo, si los vientos son más fuertes de lo habitual, la configuración cambia y los aviones salen hacia el sur.
Barajas tiene capacidad para llevar a cabo 120 operaciones por hora (60 despegues (este artículo sigue…)
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Desde el pasado otoño, Madrid cuenta con un servicio de autobuses que conecta el centro de la ciudad con el Aeropuerto de Barajas las 24 horas del día. Hemos probado su funcionamiento una madrugada de esta semana y nos ha sorprendido su rapidez, su fiabilidad y los numerosos usuarios con los que cuenta. La prueba ha resultado un éxito, con solo algunos mínimos puntos negativos.
Para probarlo, hemos recurrido al primer vuelo del día en la Terminal 1 de Barajas, concretamente el de Ryanair con destino a Bérgamo Orio al Serio a las 6 de la mañana. A esta hora de la mañana, el metro esta a punto de abrir sus puertas y las únicas maneras de acceder a tiempo al aeropuerto desde el centro de la ciudad son en taxi o en el autobús especial del aeropuerto. El coste del primero, desde el centro de la ciudad, es de aproximadamente 25 euros, mientras que el segundo cuesta dos euros.
Para coger este autobús, tenemos que dirigirnos a la Plaza de Cibeles para conectar allí con la línea nocturna al aeropuerto. Ojo, la primera parada de la línea está habitualmente en la estación de Atocha, salvo en el periodo comprendido entre 23:30 y 6:00, en el que tiene su cabecera en Cibeles. Es algo que hay que tener muy en cuenta a la hora de coger el autobús, ya que siempre que se ha publicitado se da como cabecera Atocha, pero no se menciona la excepción del periodo nocturno.
Aun a altas horas de la madrugada, la Plaza de Cibeles es fácilmente accesible desde gran parte de Madrid gracias al servicio de autobuses nocturnos de la capital -los populares “búhos”- que recorren las principales calles de la ciudad y se prolongan hasta las más importantes de los barrios periféricos. Todas las líneas nocturnas de autobuses de la Empresa Municipal de Transportes de Madrid tienen su cabecera en Cibeles y se coordinan temporalmente para coincidir en ella y facilitar los transbordos.
Los fines de semana, además, estos servicios habituales de la EMT se combinan con los llamados (este artículo sigue…)
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El pasado martes 25 de febrero tuvimos la oportunidad de volar a Oporto con Ryanair. Es una compañía que no me genera especial simpatía, pero tampoco rechazo. Me parece que ha contribuido al desarrollo de una nueva época en la aviación, pero que levanta muchas filias y fobias. Una de las quejas de sus detractores es que sus aviones se convierten en un pequeño mercadillo. ¿Es para tanto? Nosotros hicimos un pequeño juego: cronometramos el vuelo y anotamos minuto a minuto las ofertas comerciales que nos fueron haciendo. Éste fue el resultado:
Minuto 0: Empezamos a rodar por la pista del aeropuerto Francisco Sá Carneiro de Oporto. Aún no han intentado vendernos nada, pero -mientras embarcábamos- por los altavoces una locución nos estaba presentando ya los productos del carro-bar. Nos abrochamos los cinturones, ascendemos y nadie se mueve en el avión.
Minuto 12: Ya nos podemos empezar a quitar los cinturones de seguridad y empieza el trajín en el pasillo del avión. La asistente de vuelo empieza a recorrer las filas del avión para ver si alguien ha seleccionado algo de la carta de comidas.
Minuto 19: El turno de la tienda libre de impuestos a bordo. Promociones de colonias y los asistentes de vuelo sacando todas sus dotes comerciales.
Minuto 23: Por si no nos habíamos enterado antes o nos lo hemos pensado mejor, vuelve el carro de la comida para vendernos la merienda.
Minuto 29: Turno ahora para la venta de las revolucionarias cajetillas de cigarrillos sin humo que se pueden utilizar en cualquier sitio público y dentro del propio avión.
Minuto 31: Pasamos al rasca y gana, que por una parte te ofrecen como posibilidad de conseguir grandes premios directos y, poco después, como fuente de ayuda a instituciones de caridad.
Minuto 36: Y por si estás fuera de casa, es posible que necesites una tarjeta de teléfono que podrás usar en toda Europa y que te regala X euros en llamadas por cada compra por valor de otros X euros.
Minuto 42: Se acabó lo que se daba… El piloto (este artículo sigue…)
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