En este artículo continuamos la narración de nuestro viaje en tren de Vancouver a Toronto atravesando todo el oeste de Canadá. Tras los preparativos del viaje y pasar la primera noche en el tren alejándonos de Vancouver, hoy atravesamos las Montañas Rocosas y llegamos a las praderas de Alberta.
Primer día: De Kampaloops a Edmonton
La noche ha sido dura, pero no demasiado mala. En realidad, he pasado la mayor parte del viaje intentando buscar la posición que me hiciera sentir más cómodo. Hay espacio, pero me ha costado mucho ver cómo colocaba las piernas. Al final, jugando con los reposapiés de los dos asientos, he conseguido hacer algo parecido a un catre y poner una posición cómoda.
La pena ha sido que, para cuando llegué a esto, llevábamos ya un rato parados en la estación de Kampaloops, la primera parada del día, donde estábamos viendo amanecer. Anoté la posición para la noche siguiente y me fui a hacer una exploración diurna del tren.
Fui a parar al coche panorámico. Está en el vagón donde está el bar y tiene una pequeña sala en la parte inferior y unas escaleras que la comunican con una zona superior con el techo de cristal y enormes ventanales desde la que se tienen vistas panorámicas fantásticas de todo el trayecto. Allí no hay enchufes y, la verdad, hace un poco de frío –supongo que para desanimar a la gente a que pase allí todo el trayecto-. Pero es una fantástica sensación ir con el portátil cargado a trabajar en los sillones de cuero del vagón rodeado de un paisaje helado, al menos por el tiempo que dé de sí la batería.
Estamos empezando el viaje y las montañas van a apareciendo ante nuestros ojos entre ríos casi helados y laderas llenas de árboles y nieve. La vía es única, pero de vez en cuando nos encontramos tramos en los que se desdobla y nos cruzamos durante minutos con enormes convoyes de mercancías. A medida que nos vamos adentrando en el interior de Canadá, cada vez es más la nieve (este artículo sigue…)
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El próximo 17 de marzo se celebra el día de San Patricio (St. Patrick’s day), el patrón de Irlanda, con numerosos eventos y conmemoraciones que llegan a todos los rincones del mundo, especialmente aquellos con importantes comunidades de ascendencia irlandesa. En Toronto se han adelantado unos días y el pasado domingo celebraron el anual desfile de San Patricio por el centro de la ciudad.
Canadá cuenta con una enorme comunidad de origen irlandés debido al importante flujo migratorio de los siglos XIX y XX. Según los datos de Wikipedia sobre las comunidades irlandesas en Canadá, en el año 2006 había más de 4,3 millones de ciudadanos canadienses de ascendencia irlandesa -lo que supone una cifra muy similar a la población de toda la República de Irlanda y un 14% de la población total de Canadá.
En la región de Ontario -donde se encuentra la ciudad de Toronto- residen cerca de dos millones de irlandeses o descendientes de irlandeses. El pasado domingo celebraron su gran día, con un desfile por el centro de la ciudad que, en esta ocasión, cumplía su vigésimoquinta edición.
Así pues, cientos de participantes y miles de espectadores se lanzaron a las calles principales de Toronto para ver el desfile de las diferentes agrupaciones irlandesas de la región y otras entidades que decidieron unirse a la fiesta.
Durante cerca de dos horas, fueron pasando las diferentes carrozas del desfile. La mayor parte de ellas correspondían a los diferentes condados de la isla de Irlanda, cada uno de ellos con sus banderas, sus colores y sus carrozas alusivas. Pero, entre ellas, se intercalaban otras asociaciones culturales de la provincia -como una banda china o la sociedad filipina-; así como servicios sociales -bomberos, ejército o conductores de ambulancias-, patrocinadores comerciales y otras entidades de la ciudad. Todo ello, cerrado por la carroza del mismísimo San Patricio.
El desfile resultó todo un despliegue de color en una soleada mañana del mes de marzo, con algunas carrozas especialmente meritorias.
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Estoy en la Pacific Station de Vancouver esperando que, en los próximos minutos, salga The Canadian, el tren que me servirá de alojamiento durante tres noches y tres días hasta que, el próximo jueves por la mañana, me deje en la estación de Toronto.
La verdad es que estoy bastante asustado por la duración del viaje que supera, con mucho, las 22 horas de un viaje de Xian a Shanghai que tenía como récord personal de máxima duración de un viaje en tren; con la diferencia, además, de que a diferencia de las literas en las que viajaba en aquel trayecto, en éste tengo un asiento en clase económica. 81 horas por delante. Asusta bastante y, en la cola previa al embarque, me estoy preguntando varias veces si no sería mejor que hubiera hecho lo que casi todo el mundo y hubiera cogido un avión para atravesar medio Canadá.
Pero tenía que hacer el viaje, y como no tengo excesiva prisa –nada me espera en Toronto, ni en mi destino final de Montreal, por el momento- y encontré una oferta de última hora de Via Rail que reducía el precio prohibitivo del trayecto habitual a una tarifa más barata que la del avión, me lancé al gran viaje.
He quedado un poco sorprendido de las diferencias de precios de los vuelos que hay entre Canadá y Estados Unidos. Es verdad que es un vuelo de más de cuatro horas, pero me fue imposible encontrar vuelos internos de Vancouver a Toronto o a Montreal por menos de 250 euros al cambio con una semana de antelación. La opción más económica, por muy extraño que parezca, era hacer cuatro horas de autobús hasta el aeropuerto de Seattle –cruzando la frontera de Estados Unidos-, volar desde allí hasta el aeropuerto de Buffalo y volver a cruzar la frontera para llegar en algo más de hora y media al centro de Toronto.
El tren, en su tarifa normal, tampoco es especialmente barato. El billete en clase económica costaba unos 500 euros al cambio de febrero de 2012. Sin embargo, las ofertas de (este artículo sigue…)
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Hace algo menos de una semana que estoy en Canadá y por aquí voy a estar, al menos, un par de meses más. He aterrizado en Vancouver, la principal ciudad de la costa oeste del país y la ciudad más poblada de la región de British Columbia. No soy muy partidario de publicar primeras impresiones, pero aquí van una serie de fotografías de los lugares de interés que he visto en mis primeros días en la ciudad.
Como os contaba hace unos meses, recibí un visado de Working Holiday en Canadá con una duración de un año y decidí empezar el periplo en Vancouver. Primero, porque las referencias que me llegaron de la ciudad fueron muy buenas; segundo, porque es la ciudad canadiense con el tiempo menos desagradable en invierno y, tercero, porque siempre resulta más cómodo a la hora de recorrer el país empezar de oeste a este y acabar en la zona más cercana a Europa que al contrario.
Pese a que venía con muchos recelos por el frío que me pudiera encontrar, Vancouver en febrero ha resultado ser una ciudad con bastante humedad, lluviosa y con el cielo cubierto, pero no especialmente fría. Podríamos decir que la temperatura y el clima es similar al de algunas ciudades costeras del norte de Europa como Amsterdam o Dublín (con menos viento que en ésta). No está de más llevar el gorro de vez en cuando y una cazadora preparada para la lluvia, pero los paisajes de nieve y muchos grados bajo cero de otras ciudades del interior del país -incluídas las grandes Toronto o Montreal- están lejos de lo que he podido ver en Vancouver.
Eso sí, en los cerca de seis días que llevo en la ciudad, prácticamente en ningún momento he podido ver el sol a causa del cielo gris y nublado.
Downtown, el corazón de Vancouver
La zona del Downtown es el centro de la vida comercial y de ocio de la ciudad y también su parte más turística. Es, por decirlo de alguna manera, el corazón de la ciudad. Concentra la (este artículo sigue…)
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