El próximo 17 de marzo se celebra el día de San Patricio (St. Patrick’s day), el patrón de Irlanda, con numerosos eventos y conmemoraciones que llegan a todos los rincones del mundo, especialmente aquellos con importantes comunidades de ascendencia irlandesa. En Toronto se han adelantado unos días y el pasado domingo celebraron el anual desfile de San Patricio por el centro de la ciudad.
Canadá cuenta con una enorme comunidad de origen irlandés debido al importante flujo migratorio de los siglos XIX y XX. Según los datos de Wikipedia sobre las comunidades irlandesas en Canadá, en el año 2006 había más de 4,3 millones de ciudadanos canadienses de ascendencia irlandesa -lo que supone una cifra muy similar a la población de toda la República de Irlanda y un 14% de la población total de Canadá.
En la región de Ontario -donde se encuentra la ciudad de Toronto- residen cerca de dos millones de irlandeses o descendientes de irlandeses. El pasado domingo celebraron su gran día, con un desfile por el centro de la ciudad que, en esta ocasión, cumplía su vigésimoquinta edición.
Así pues, cientos de participantes y miles de espectadores se lanzaron a las calles principales de Toronto para ver el desfile de las diferentes agrupaciones irlandesas de la región y otras entidades que decidieron unirse a la fiesta.
Durante cerca de dos horas, fueron pasando las diferentes carrozas del desfile. La mayor parte de ellas correspondían a los diferentes condados de la isla de Irlanda, cada uno de ellos con sus banderas, sus colores y sus carrozas alusivas. Pero, entre ellas, se intercalaban otras asociaciones culturales de la provincia -como una banda china o la sociedad filipina-; así como servicios sociales -bomberos, ejército o conductores de ambulancias-, patrocinadores comerciales y otras entidades de la ciudad. Todo ello, cerrado por la carroza del mismísimo San Patricio.
El desfile resultó todo un despliegue de color en una soleada mañana del mes de marzo, con algunas carrozas especialmente meritorias.
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Galway es la tercera ciudad más poblada de Irlanda y, junto con Limerick, una de las dos ciudades más importantes de la zona Oeste de Irlanda. Es una ciudad que, sin ser demasiado grande, ha dejado atrás su carácter de pueblo de pescadores tradicional para convertirse en una ciudad de estudiantes, joven, animada y una perfecta base para organizar nuestro viaje por una región que guarda algunos de los principales atractivos turísticos de Irlanda como los Acantilados de Moher, la región de Connemara o las Islas de Aran.
La ciudad de Galway cuenta con aproximadamente 75.000 habitantes- superada sólo en la República de Irlanda por Dublín y Cork- y, como hemos indicado anteriormente, fue durante gran parte de su historia una localidad volcada al mar, con una gran importancia de la pesca en su economía. Hoy, sin embargo, su economía ha evolucionado con la transformación de Irlanda y se ha convertido en una ciudad donde el comercio y la tecnología han ido ganando relevancia. Galway es también una ciudad bastante turística, pero sobre todo entre los propios irlandeses, que cuentan con casas de verano en la costa de la bahía de la ciudad, cerca de las playas.
Galway no es una ciudad grande, ni que requiera mucho tiempo para vistarla. Eso sí, un paseo por su centro durante la mañana y una salida nocturna a los pubs de la principal Shop Street son muy recomendables. La ciudad es rica en espectáculos y eventos culturales, que tienen su punto cumbre en el Galway Arts Festival, que llena la ciudad de alternativas de ocio durante el mes de julio.
Galway es una ciudad gris. No tanto en su espíritu, que es bastante joven, activo y alegre, sino más bien en los colores que se aprecian en ella. Es el gris del cielo plomizo, desgraciadamente frecuente en la zona, pero también el gris verdoso de la piedra traida de la cercana región de Connemara con la que están construidos muchos de sus edificios históricos. Un gris que contrasta en la calle principal, con la madera colorida (este artículo sigue…)
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Durante el viaje que realizamos a Galway y el Oeste de Irlanda el pasado mes de junio invitados por la Oficina de Turismo de Irlanda, tuvimos la oportunidad de presenciar el espectáculo de música y baile típico irlandés Trad on the Prom, en el que disfrutamos de una selección del folclore tradicional de la Isla Esmeralda.
Trad on the Prom es el nombre de un espectáculo que se celebra en el centro de conferencias del Hotel Salthill de Galway desde mediados del mes de mayo hasta finales de septiembre, y reúne a músicos y bailarines de renombre dentro del panorama folclórico irlandés en un espectáculo de aproximadamente dos horas en el que se combinan bailes, música tradicional irlandesa y otras canciones algo más recientes.
Su nombre más famoso, sobre el que pivota además gran parte del espectáculo, es el de Mairin Fahy, que adquirió gran relevancia internacional por haber sido solista en el espectáculo mundial Riverdance y, también, por haber participado junto con la banda tradicional irlandesa The Chieftains en algunas de sus giras mundiales.
Junto a ella, el espectáculo está protagonizado por una fantástica banda que acompaña su violín con diversos instrumentos, incluidos muchos tradicionales irlandeses, algunos solistas que interpretan canciones algo más modernas relacionadas con Irlanda; y, sobre todo, por un elenco de bailarines que acumulan entre todos ellos 15 títulos mundiales de danza tradicional irlandesa.
El espectáculo
El espectáculo se celebra en el Hotel Salthill de Galway los martes, jueves y domingos, en un ambiente bastante informal y agradable. Es cierto que al no tratarse de un teatro o un auditorio tradicional el espectáculo tiene algunas particularidades, como la posibilidad de acercarse al bar antes del espectáculo o en el entreacto y poder llevarse una pinta de Guinness al asiento.
La sala de conferencias donde se representa es grande, así que tiene diversas zonas de asientos. Todas cuestan el mismo precio -30 euros para el público en general (en el verano de 2011)- y se asignan por orden de reserva, pero hay algunas zonas reservadas a touroperadores y excursiones organizadas. Conviene, (este artículo sigue…)
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La tecera jornada de nuestro reciente viaje a Galway y el Oeste de Irlanda, del que ya hicimos una primera reseña en este artículo, nos llevó a uno de los lugares que más esperaba conocer: los Acantilados de Moher. Sin duda, uno de los mayores atractivos naturales de la Isla Esmeralda. Sus paredes oscuras cayendo a plomo sobre el Atlántico ofrecen una mezcla de colores y una sensación de lucha entre la tierra y el mar que no puede dejar a nadie indiferente.
Personalmente, sabía que los Acantilados de Moher (Cliffs of Moher, en inglés) iban a ser la visita más especial del viaje al que nos había invitado la Oficina de Turismo de Irlanda. Es una visita imprescindible para quien acude a Irlanda que yo no había podido disfrutar en mi periplo anterior por la isla y que tenía marcada en mi agenda de lugares por visitar. Al llegar allí me di cuenta de por qué. Que nadie espere grandes monumentos, es únicamente un paisaje natural; pero uno de los más bellos que se puede encontrar en Europa, candidato incluso a formar parte de las 7 Nuevas Maravillas de la Naturaleza que se están votando a través de Internet.
De Galway a los Acantilados de Moher
El día comenzó en Galway, la ciudad más importante del Oeste de Irlanda y la mejor base para visitar los acantilados. Desde allí, nos dirigimos en autobús hacia el sur, junto a la costa, adentrándonos por los paisajes del condado de Clare, entre las omnipresentes colinas verdes con sus vacas pastando, el mar, pequeños pueblos de casas bajas y una serie de torres normandas que destacaban por su gran altura, su forma cuadrada y el color gris oscuro de la piedra con la que están construidas, sobre el suave paisaje y construcciones de la región.
La carretera, serpenteante y bacheada, nos condujo como prólogo de la visita al pequeño pueblo de Lisdoonvarna, que no pasaría de ser uno más de los pueblos típicos de la zona, si no fuera por ser la sede del Matchmaking, (este artículo sigue…)
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