Una de las cosas más típicas que hacer en Toronto en las mañanas primaverales de los sábados es recorrerse el barrio en el que vives buscando los vecinos que organizan las yard sale, pequeños mercadillos improvisados en los jardines de las casas en los que los vecinos aprovechan para deshacerse de sus cosas viejas y sacar un dinerito por ellas, pero que son también todo un evento social en el barrio.
Las yard sale o garage sale son uno más de los indicadores de la transición entre el frío invierno y el cálido verano en Toronto. Se celebran al comienzo de la primavera, intentando aprovechar los primeros días soleados y el buen tiempo, y son típicos de los barrios residenciales de casas bajas con jardín o yard a la entrada. De ahí viene, precisamente, el nombre.
La transición entre estaciones en esta parte de Canadá es bastante importante, ya que se pasa de inviernos muy fríos donde la mayor parte de la vida se hace a cubierto, a veranos calurosos y soleados en los que se hace más vida al aire libre. Las necesidades en las casas, por tanto, cambian y -en muchas ocasiones- viene bien vaciar el garaje de trastos para tener más espacio para los artículos de ocio que podemos usar en el verano. Pero también es el típico momento que se aprovecha para vaciar armarios y, en general, deshacerse de artículos o ropa que ya no nos sirve.
Las yard sale son también muy típicas de los momentos de mudanza y se aprovechan para vender muebles, trastos y otros objetos que no podemos o queremos trasladar con nosotros.
La organización de una yard sale es muy sencilla. Básicamente, recopilas una serie de cosas que tienes en casa y que hace tiempo que no utilizas, decides un día en el que el pronóstico del tiempo sea soleado y te venga bien, preparas una serie de carteles más o menos rústicos -cuanto más rústicos, más encanto- anunciando la venta, los pegas por las farolas de la calle principal del barrio convocando a tus vecinos y, el día (este artículo sigue…)
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El overbooking es una práctica con mala fama. Es un concepto especialmente repetido en hotelería y aviación y supone la venta de un número de plazas superior al realmente disponible, ya sea para prevenir cancelaciones o para rentabilizar espacio de mayor categoría que no se espera vender. Una práctica discutida y que, en algunos casos, tiene consecuencias nefastas para el viajero. Sin embargo, en otros, puede hacer que consigamos compensaciones que hagan que nos merezca la pena buscarlo.
Gracias a la dirección de uno de los principales albergues de una ciudad de América del Norte he podido conocer un poco más en detalle cómo se gestiona el overbooking en el sector de la hotelería y cuáles son las claves que nos permiten establecer quién se aloja en la habitación que ha pagado y quién recibe una mejor calidad por un precio superior.
Porque, en realidad, el overbooking tiene muy mala fama, pero sólo en casos muy aislados supone un perjuicio para el cliente. Muchos de ellos, además, vienen dados por errores humanos al cargar disponibilidades en los sistemas de gestión de reservas o por fallos informáticos. En el peor de los casos, unas previsiones de cancelaciones erróneas también nos pueden llevar al desastre. Y es que el overbooking no resuelto satisfactoriamente es la peor de las ofensas que se puede hacer a un cliente: la imposibilidad de ofrecerle aquello por lo que ha pagado. Demoledor para las críticas de quien lo practica.
¿Por qué se produce el overbooking?
En el albergue donde vimos el caso práctico, el overbooking en las habitaciones más baratas es algo bastante frecuente. Se vendían más camas en los dormitorios colectivos más baratos de las que realmente existían, con total conocimiento por parte de la dirección, siempre que el nivel de ocupación total del establecimiento no llegara a niveles muy cercanos al 100%.
¿Para qué? Porque los responsables del albergue estaban seguros de que las habitaciones con un mayor coste no iban a ser reservadas en su totalidad y esperaban acomodar en ellas a clientes que habían pagado por habitaciones de menor categoría. (este artículo sigue…)
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Al llegar a Canadá me habían advertido que una de las cosas más valoradas por los visitantes y nuevos residentes es la mezcla de culturas. Algo que pude ver muy bien en el centro de Vancouver, pero que jamás pude imaginarme en una dimensión completa hasta que llegué a la ciudad dormitorio de Richmond, donde la presencia asiática es mayoritaria.
Es todo un shock cultural inesperado. En el centro de Vancouver hay un barrio chino -Chinatown- con una importante presencia oriental como el de otras ciudades norteamericanas, con San Francisco quizá como la más destacada de ellas. Pero la Chinatown del centro de Vancouver, aun con población mayoritariamente oriental y tiendas de productos asiáticos, no deja de ser casi una anécdota dentro de la vida urbana de Vancouver. Por una parte, un exotismo quizá hasta exagerado y por otra algo de sabor turístico.
Sin embargo, Richmond es otro mundo. El municipio canadiense de Richmond (no confundir con el del mismo nombre ubicado en la costa este de Estados Unidos) es una ciudad dormitorio -más bien un barrio- situado al sur de la ciudad de Vancouver, cerca del aeropuerto y a apenas 20 minutos del Downtown en la Canada Line del Skytrain -la versión local del metro-.
En cualquiera de las estaciones del barrio que nos bajemos (Aberdeen, Lansdowne o Bridgehouse) nos encontramos la estructura habitual de una ciudad norteamericana: mucho espacio entre casas, con barrios residenciales y sus centros comerciales con pequeñas tiendas bajas en sus alrededores. Sin embargo, en cinco minutos de paseo por la zona podemos darnos cuenta de que el 95% de las personas que nos encontramos por la calle y de las tiendas con las que nos cruzamos, son asiáticos.
Richmond es popular en el área metropolitana de Vancouver por sus restaurantes asiáticos y sus animados centros comerciales -como el gran Richmond Centre-. Lo de los restaurantes, salta a la vista. Hay muchos centros comerciales pequeños abiertos a la calle con restaurantes asiáticos de todo tipo: desde barbacoas mongolas, hasta especializados en Dim Sum, pasando por los de tallarines o los (este artículo sigue…)
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Un artículo un poco bastardo el que os traigo hoy. Estoy enfrascado en la intensísima preparación de un viaje relacionado con la Working Holiday en Canadá -que dará mucho que hablar por aquí- y reconozco que no he hecho mis deberes de temas nuevos esta semana y que tampoco me gustaría aburrir al personal sacando de la nevera uno de mis artículos japoneses. Así pues, me concedo un respiro viajero y me lanzo a una tribuna libre.
Llegó Fitur 2012, la feria turística de referencia en España. Ya se ha hablado mucho de ella en otros medios, así que no me extenderé demasiado. Un año más, la marabunta cazafolletos de los fines de semana ha vuelto a sembrar el terror entre los expositores que tuvieron que quedarse el fin de semana (a quienes sus superiores, con mucho ojo, dejaron el encargo). Al menos, de ello han salido algunos artículos, como éste de El Fotógrafo Viajero, con una deliciosa mezcla de humor, lógica y mala baba que nos han sacado una sonrisa. Temo, de todos modos, que los “gorrones habituales” de este año han visto reducida su ingesta de comida gratis. Lo de los folletos, en cambio, no tiene remedio.
A cuento de Fitur y de gorrones llego a este artículo de Rumorismo Travel- una de las recientes incorporaciones al mundillo de los blogueros de viajes- con una conversación interesante. Y me viene a la cabeza la historia de la Tulipomanía que conocí gracias a los artículos de uno de mis blogs económicos de cabecera: Euribor.com.es-.
Y, no sé por qué, me viene a la cabeza esta reflexión sobre cómo las “burbujas” nacen, crecen, se reproducen [...y con el nuevo Cucal aerosol] mueren y desaparecen.
Las veinte fases de la burbuja (en Technicolor)
Nacimiento (todo va bien, así que mucho verde)
1
Tras una etapa anterior gris o después de un lanzamiento incierto, por fin un sector o producto determinado ha empezado a dar beneficios más o menos interesantes a quienes trabajan en él, ya sea económicos o en términos de imagen y prestigio.
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Un periodista (este artículo sigue…)
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