Anécdotas de viaje

La noche en que nos pararon a gritos en una calle de Estonia

Posted by on 17 mayo, 2011 at 1:53 pm

Algunas de las cosas más memorables de los viajes llegan con pequeñas anécdotas o casualidades que, por norma general, no significan nada para la gran mayoría de la gente, pero que tienen un significado especial para quienes las protagonizan. No es por ser abuelo cebolleta, pero de vez en cuando nos gusta recordar y contaros alguna de ellas, como ésta que vivimos en la pequeña ciudad estonia de Parnu.

Acabábamos de llegar con un grupo de amigos a Parnu, ciudad costera del sur de Estonia, durante una etapa del trayecto de un breve viaje por los Países Bálticos. Parnu es la ciudad más importante del sur de Estonia y se trata de una parada bastante frecuente para los viajeros que se desplazan en coche entre Tallin y Riga, bien sea para pasar la noche o bien para comer o dar una vuelta en mitad de un trayecto mediano. Aunque no tiene ni la actividad ni la importancia de las dos principales ciudades del país- la capital Tallin y Tartu- Parnu responde a lo que podemos esperar de una ciudad mediana dentro de un país pequeño: ambiente agradable y máxima tranquilidad.

Parnu es también lo que podríamos llamar uno de los centros turísticos de playa del país. Puede parecer sorprendente hablar de turismo de playa en países tan fríos como los Bálticos, pero sorprendentemente- durante varios meses de la primavera y el verano- el clima es lo suficientemente aceptable como para bañarse en el Mar Báltico. No se puede esperar el sol del sur de Europa, pero sí que tiene el encanto de buenas playas, ambiente muy tranquilo y algo de fresquito por la noche.

Parnu, en concreto, está situada junto a una bahía de notable tamaño y dispone de una playa de arena amplia y agradable. La geografía de la bahía hace que la zona más cercana a la playa no sea nada profunda, por lo que se puede avanzar durante decenas de metros sin que la altura del agua llegue a cubrirnos. Esto hace también que la temperatura del agua no sea tan fría como si (este artículo sigue…)

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Entrar en el bar equivocado

Posted by on 5 abril, 2011 at 9:00 am

¿Sabéis ese momento en el que acabais de entrar en un bar e inmediatamente os dais cuenta de que no deberíais estar ahí? Una tarde, en Praga, me apetece una cerveza y entro en un antro en una esquina a cien metros de mi hotel. Nada más abrir la puerta me doy cuenta de que pinto allí menos que un perro verde.

Un bar diminuto, cuatro o cinco parroquianos que no abren la boca ni se dirigen la palabra, no se oye más que la música de fondo, una neblina de humo que riete de Londres. Se me quedan mirando al entrar y me acerco a la barra para pedirle a la camarera una cerveza. Dudo que entienda ingles, pero como le señalo el vaso grande me irve y me cobra.

Miro la pared: un banderín del Slavia, hasta ahí, todo normal. Al lado, un calendario gigante mostrando la parte trasera de una señorita tal y como la trajeron al mundo. Al otro lado, un cartel que pone en alemán y checo “Prohibido hablar de política”. Detras de la barra, un frigorifico con botellas enormes de licores varios y, al otro lado, un corcho con un collage de fotografías de porno duro.

Me autoimpongo no mirar a ninguno de los abatidos parroquianos y concentrarme en la cerveza, pero la vista se me va al vecino de taburete. No se da cuenta o hace como que no le importa, mientras mantiene la mirada fija al fondo de la barra. Cuatro minutos despues, he vaciado la jarra de medio litro de mi excepcional Staropramen y, aparentando serenidad, susurro un “thank you, bye” y salgo por la puerta aparentando que me queda algo de dignidad entre toneladas de canguelo, con la impresión de que me he tenido un shock cultural en toda regla. Pocas veces me he bebido tanta cerveza tan rápidamente.

Durante esos cuatro minutos, nadie en el bar ha pronunciado una sola palabra.

Algo me hace pensar que, por un momento de mi vida, he vivido en un documental de National Geographic.

Si tenéis curiosidad por visitarlo, lo encontraréis en (este artículo sigue…)

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