Atravesando las Rocosas de Canadá en tren: The Canadian (Parte II)

En este artículo continuamos la narración de nuestro viaje en tren de Vancouver a Toronto atravesando todo el oeste de Canadá. Tras los preparativos del viaje y pasar la primera noche en el tren alejándonos de Vancouver, hoy atravesamos las Montañas Rocosas y llegamos a las praderas de Alberta.

Primer día: De Kampaloops a Edmonton

La noche ha sido dura, pero no demasiado mala. En realidad, he pasado la mayor parte del viaje intentando buscar la posición que me hiciera sentir más cómodo. Hay espacio, pero me ha costado mucho ver cómo colocaba las piernas. Al final, jugando con los reposapiés de los dos asientos, he conseguido hacer algo parecido a un catre y poner una posición cómoda.

Kampaloops

The Canadian, en una parada al amanecer en Kampaloops

La pena ha sido que, para cuando llegué a esto, llevábamos ya un rato parados en la estación de Kampaloops, la primera parada del día, donde estábamos viendo amanecer. Anoté la posición para la noche siguiente y me fui a hacer una exploración diurna del tren.

Fui a parar al coche panorámico. Está en el vagón donde está el bar y tiene una pequeña sala en la parte inferior y unas escaleras que la comunican con una zona superior con el techo de cristal y enormes ventanales desde la que se tienen vistas panorámicas fantásticas de todo el trayecto. Allí no hay enchufes y, la verdad, hace un poco de frío –supongo que para desanimar a la gente a que pase allí todo el trayecto-. Pero es una fantástica sensación ir con el portátil cargado a trabajar en los sillones de cuero del vagón rodeado de un paisaje helado, al menos por el tiempo que dé de sí la batería.

The Canadian

El coche panorámico de The Canadian

Estamos empezando el viaje y las montañas van a apareciendo ante nuestros ojos entre ríos casi helados y laderas llenas de árboles y nieve. La vía es única, pero de vez en cuando nos encontramos tramos en los que se desdobla y nos cruzamos durante minutos con enormes convoyes de mercancías. A medida que nos vamos adentrando en el interior de Canadá, cada vez es más la nieve que nos encontramos, hasta que llega un punto en que ya lo cubre todo. Por la megafonía del tren, de vez en cuando, nos hacen un repaso turístico a la zona por la que estamos pasando, pero realmente las poblaciones brillan por su ausencia y el paisaje empieza a convertirse en una sucesión de nieve, árboles blanquecinos y cauces de ríos helados.

The Canadian

Un paisaje de las Rocosas Canadienses desde el tren

El tren se interna entre la ventisca cuando el conductor nos llama por megafonía para anunciarnos que, como vamos algo adelantados, vamos a tener la oportunidad de parar quince minutos en Blue River, que según las estadísticas es uno de los puntos de Canadá donde más nieva. Nos pide que no nos alejemos mucho, pero nos da tiempo suficiente para hacer unas fotos. La estación es diminuta y tiene a su lado una “General Store” de madera que parece bastante parada. Por lo que vemos desde la estación, el “pueblo” lo completan tres o cuatro casetas más. Hay mucha nieve.

The Canadian

Máquina de The Canadian en la estación de Blue River

Han hecho la primera llamada para comer a las 11 de la mañana y la segunda y última poco antes de las 12. Como aún tenía el desayuno casi en la garganta, he almorzado más tarde a base de plátanos y barritas de cereales. Luego he entendido por qué, cuando al poco tiempo nos llamaron de megafonía para decirnos que entrábamos en la primera zona de cambio horario. Durante el viaje vamos a ganar tres horas.

Nieve por todas partes

Estamos atravesando las Rocosas. Hay nieve por todas partes. La ventisca ha parado, pero por la ventanilla hay una neblina blanca que no deja ver bien el horizonte. Nunca había visto tanta nieve junta en mi vida y va a ser difícil que la vuelva a ver. Los árboles están completamente blancos. De vez en cuando, al llegar cerca de algún paraje singular, por la megafonía del tren nos lo van describiendo e, incluso, el maquinista reduce la velocidad para que podamos sacar fotos. A media tarde, estábamos dejando atrás la región de British Columbia para entrar en la de Alberta.

Jasper

Jasper, una de las primeras paradas de The Canadian

En Jasper hemos tenido la primera parada seria del camino. Apenas una hora, pero que ha venido muy bien para salir del tren, dar una vuelta por el pueblo, estirar las piernas, tomar un café breve y ponerse al día con el correo electrónico.

Jasper no tiene mucho que ver, al menos cerca de la estación. No me atrevo a ir más lejos. Un par de calles con tiendas turísticas y de alquiler de esquíes unos cuantos restaurantes y supermercados. Eso sí, la nieve cubre tanto el pueblo como en el horizonte. Jasper está ya situado en la región de Alberta, prácticamente pasadas ya las Rocosas. A partir de este punto, las montañas van desapareciendo y nos esperan cientos de kilómetros de pradera hasta llegar a Ontario.

El tren parece realmente seguro, pero aun así dejo la ropa y las cosas de poco valor en una bolsa dentro del vagón y me llevo el ordenador y la cámara para evitar posibles sorpresas desagradables. Por el pueblo me voy encontrando a otros pasajeros de la clase económica cargando con bolsas de las diferentes tiendas de la zona. Es un buen momento para recargar comida y bebida.

Cenando en el tren

Después de casi una hora y media de parada, el tren se vuelve a poner en marcha. Sin solución de continuidad nos ofrecen las reservas para la cena y me ofrecen el primer turno, que resulta comenzar a las cinco y media de la tarde.

Restaurante The Canadian

El vagón restaurante de The Canadian

Llegamos al comedor mientras el maquinista frena la máquina para que podamos ver cómodamente un rebaño de ciervos que pastan a un lado de la vía. Me sientan con tres personas completamente desconocidas con las que entablo una conversación amable, aunque algo insulsa. Mientras, nos sirven un buen pollo con salsa de melocotón y verduras, una ensalada y algo de café por algo más de 15 euros con propina incluida. La calidad de la comida del restaurante del tren es buena y el precio, aceptable.

Dinner The Canadian

Cena a bordo de The Canadian

Salimos del vagón restaurante cuando comienza a caer la luz. Fuera, el tiempo ya es gris y lo que antes eran montañas cada vez deja más claros desde los que se ven llanos y lagos helados cubiertos por la nieve. De vez en cuando aparece ya junto a la vía alguna carretera y hasta algún pequeño pueblo de cuatro o cinco casas aisladas del mundo. Sin embargo, parece que seguimos viviendo en el vacío.

The Canadian

Atardecer a bordo de The Canadian

A las nueve y media de la noche, se apagan las luces del vagón y quedan sólo las luces de la penumbra acrecentadas por el brillo ocasional de la pantalla de un ordenador o de una luz individual de lectura. Algunos viajeros empiezan a caer ya rendidos por el sueño, mientras que otros prefieren ir al vagón panorámico o a su salón vecino, donde se han formado tertulias y la luz no se apagará en toda la noche.

Alrededor de la medianoche llegaremos a Edmonton y tendremos unos minutos de parada que no podremos aprovechar para otra cosa que no sea estirar las piernas. Mañana, a las seis y media de la mañana, nos despertarán para el desayuno y, unos minutos después, volveremos a cambiar de huso horario antes de llegar a Saskatoon.

El cansancio empieza a aparecer a esta hora de la noche, pero quiero llegar despierto a Edmonton. El día ha sido muy productivo, sobre todo la mañana, y he sacado varios artículos que tenía atascados, pero llega un momento que parece que al teclado se le secan las palabras. En este momento, llevo 24 horas de viaje de tren. Hace un par que he batido mi récord con cierta comodidad y sin sentirme agobiado, pero sé que habrá momentos en los que la paciencia empiece a fallar. De momento, aguanta hasta Edmonton.

Edmonton es, junto con Calgary, una de las dos ciudades más importantes de la provincia de Alberta, pero llegamos muy tarde y la estación está lejos de la ciudad, por lo que nos tenemos que conformar con dar una vuelta por el edificio bajo de ladrillo de la estación.

Después, nos queda el desafío de poder dormir en el trayecto. Ya por segunda noche consecutiva.

Tercera Parte: De Edmonton a Winnipeg, las Praderas



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  • Moni

    Oh, my Godness! Todo nieve…uuuuhhhhh. Aún así me encanta leer lo que cuentas, suena apasionante. Sin duda, has elegido la mejor opción lanzándote a la piscina yendo en el Canadian, me chifla el vagón panorámico. Sigue contando que desde Madrid te seguiremos con entusiasmo. Decirte que he sido preseleccionada y que la semana que viene tendré una entrevista. Hay muy pocas plazas para secundaria en Alberta pero mi ilusión no desaparecerá hasta el final. A ver si el destino quiere que nos encontremos por aquellos lares algún día para dar con un buen garito donde tomarnos unas cuantas cerves!! Cuídate, muchos besos…la otra Mardones!

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  • Aran

    ¡¡¡Increíblemente bonito!!! Esta noche en Madrid y desafiando todo pronóstico, ha caído una pequeña nevada, que cubría con una ligera capa blanca jardines y coches, pero nada que ver con lo que nos enseñas y describes. Sin duda, se lo enseñaré a Moni para que se haga una idea exacta de donde pretende vivir el próximo año, ¡jejeje!

    La verdad es que aunque sólo sea por el viaje en tren que cuentas, ¡merece la pena pasar frío y horas interminables de insomnio!

    Besos a puñaos!

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  • http://www.elboqueronviajero.com El Boquerón Viajero

    Que maravilla de viaje y de idea, es más nos la apuntamos para una posible reproducción jeje! Seguimos con los siguientes trayectos! :)